Aceptar un trabajo en el extranjero es un gran paso. Nuevas oportunidades, una nueva cultura y, a menudo, un nuevo comienzo. Pero mientras piensas en la vivienda, los visados y cómo meter tu vida en unas pocas maletas, la banca pasa desapercibida, hasta que se vuelve algo urgente.
Desde recibir tu salario a tiempo hasta cubrir los gastos iniciales de reubicación, contar con la configuración bancaria adecuada desde el principio puede marcar la diferencia entre una transición tranquila y semanas de frustración. Una sencilla lista de comprobación te ayuda a estar preparado y concentrarte en la emoción que te espera.
Abrir una cuenta bancaria en un nuevo país
Una de las primeras preguntas prácticas que enfrentan los expatriados es si necesitan una cuenta bancaria local. En muchos países, los empleadores requieren un IBAN local para pagar tu salario, y los propietarios o proveedores de servicios públicos a menudo no aceptan cuentas extranjeras para los débitos directos.
Abrir una cuenta puede llevar tiempo, especialmente si los bancos locales requieren comprobante de domicilio, números de impuestos o citas presenciales. Por eso es útil investigar tus opciones antes de mudarte, incluyendo los bancos digitales que te permiten abrir una cuenta de forma remota. Mientras antes esté activa tu cuenta, más sencillo será establecerte y evitar retrasos con los pagos salariales o las facturas.
Entender monedas, comisiones y transferencias de salario
Trabajar en el extranjero significa frecuentemente manejar más de una moneda, especialmente si tus ahorros, gastos u obligaciones permanecen parcialmente en tu país de origen. Sin la configuración adecuada, las comisiones de cambio pueden acumularse silenciosamente cada vez que recibes pago, transfieres dinero o usas tu tarjeta.
Es importante entender en qué moneda se pagará tu salario, cómo funcionan las conversiones y si tu banco cobra comisiones adicionales por transferencias internacionales o pagos con tarjeta. Tener visibilidad sobre los tipos de cambio y las comisiones te ayuda a evitar sorpresas desagradables y conservar más de lo que ganas.
Gestionar los costos de reubicación y depósitos
Las primeras semanas en el extranjero suelen ser las más caras. Depósitos de alquiler, alojamiento temporal, muebles, pases de transporte y tasas de registro frecuentemente deben ser pagados antes de que llegue tu primer sueldo.
Planificar con anticipación significa asegurarte de tener fácil acceso a tu dinero durante este período. Mantener los fondos de reubicación separados de los gastos diarios puede ayudarte a mantener el control y evitar recurrir a ahorros destinados a otros objetivos. Tener una perspectiva clara de tu saldo, especialmente cuando los costos vienen de múltiples sitios, aporta tranquilidad cuando todo se siente nuevo.
Planificar impuestos entre fronteras
Los impuestos pueden ser uno de los aspectos más confusos al trabajar en el extranjero. Según tu situación, tal vez debas lidiar con obligaciones fiscales en más de un país, al menos durante el período de transición.
Antes de aceptar el puesto, merece la pena verificar dónde se te considerará residente fiscal, si tus ingresos serán gravados en origen y si necesitas apartar dinero por tu cuenta. Mantener los ingresos y gastos bien organizados desde el principio facilita mucho la presentación de impuestos en el futuro, y te ayuda a evitar estrés de última hora más adelante.
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